El Discreto silencio de los Colores

Monumentos a la amnesia


¿Para qué fotografías? ¿Para quién? ¿Dónde están ahora todas las fotos que ya hiciste? ¿A quién interesan? ¿Seguirán en este mundo cuando ya no estés en él? Y, en caso de que sigan, ¿dónde estarán? ¿Qué poder de testimonio sobre ti preservan estas imágenes para las generaciones futuras?

"El Discreto silencio de los Colores" es fruto de una investigación de los artistas Tatiana Guinle y Marcelo Carrera, sobre las paradojas existentes en las relaciones con las imágenes fotográficas, a las cuales otorgamos el poder de retener la memoria de nuestras propias historias. Todas las fotografías utilizadas en los trabajos aquí presentes han sido obtenidas a partir de acervos familiares que permanecieron en el mundo tras su abandono por las familias, probablemente porque los herederos de los herederos, en algún momento, ya no reconocían más a las personas que protagonizan dichas imágenes.

Como las fotografías sobreviven a nosotros inevitablemente, en algún momento pasan a vagar por el mundo como símbolos inocuos, desprendidas de la razón que las hizo existir, sin conexión con los vínculos afectivos y familiares que las crearon. Al dejar de narrar historias de personas concretas, empiezan a hablar más claramente sobre la compleja relación que tenemos con nuestra propia vulnerabilidad. Las imágenes de los álbumes de familia guardan invariablemente el lado dulce de nuestras vidas: fiestas, nacimientos, viajes, rituales de transición, etc. Los momentos dramáticos de dolor y pérdida raramente son fotografiados y, en general, no forman parte de los álbumes familiares.

Esta narrativa fabular, aséptica y algo falsa de nuestras vidas hace que, al fin y al cabo, todos los álbumes de familia sean muy parecidos entre sí. De esta forma, cuando un determinado álbum de familia se pierde y transita solitario por el mundo, nos señala de algún modo el destino cruel de todos los demás álbumes. Fotografiar es una forma de amenizar la ineludible confrontación con la muerte. Mirar una fotografía del pasado es una de las únicas posibilidades que tenemos de alterarlo, de traicionar por un instante el flujo natural del tiempo.

Como símbolos desenraizados, vestigios de historias que ya no se conectan a una narrativa lineal, estas imágenes ahora pueden ser reactivadas y reinsertadas en la sociedad a partir de la imaginación y de las inquietudes de los artistas. El remolino de copias fotográficas pasa a ser una especie de alfabeto desordenado en el cual faltan letras, incapaz de escribir un cuento o una frase lógica. La información que las imágenes niegan es precisamente el impulsor de las estrategias creativas de Guinle y Carrera.

Los experimentos aquí expuestos oscilan entre intentos vanos de restaurar historias y la aceptación de esta imposibilidad. En ocasiones, las imágenes surgen reorganizadas no ya por el contenido que presentan y sí, por ejemplo, por la exuberancia de los colores alterados, por las texturas, por las heridas expuestas que el tempo y el descuido imprimieron en los originales, como sucede en la serie que da título a la exposición.

La obsesión en crear memorias perennes puede, en realidad, edificar inmensos monumentos a la amnesia.

¿Para quién fotografías?

Eder Chiodetto - Curador